sudoroso y angustiado
cuando descubrió
en aquel miserable pordiosero
el rostro de su hijo
al que años atrás
echara de casa a las patadas
enmudeció frente al mal olor
y los harapos
sin ni siquiera ser consciente
del verdadero significado
de todo aquello que sentía
y lo asfixiaba
y decidió seguir camino
sin mediar palabra con él
acobardado
no sin antes
echar unas monedas
en la palma de su mano

Cuando llegó a casa
aguardó un instante
frente a la puerta
y pisoteó con fuerza
el felpudo de bienvenida
antes de entrar
como quien celebrase
conscientemente
el júbilo de la victoria
a los pies de un gran abismo.
Y lloró...
ResponderSuprimirBesos.
Es la victoria orgullosa de la venganza.
ResponderSuprimirMe agradó leerlo.
Bien lo dice chatnoir. Lo dice muy bien.
ResponderSuprimirNoir. Sarco...no estaría yo tan seguro de sus lágrimas. Más bien de su orgullo. Ese orgullo que casi siempre nos obliga a actuar sin empatía ni obligación ni mucho menos sensatez. Apuesto los ojos a que el tipo dejó todos sus amagos de arrepentimiento bien pisoteados sobre el felpudo; una vez cerró la puerta...en fin...como aclara Kenit, al cabrón ese se le atragantó mucho antes el reconocer la victoria de la venganza que descubrir el fruto de su actos.
ResponderSuprimirVaya ud a saber...
Ahora digo: un placer encontrarte.
ResponderSuprimirme gusta (mucho) tu estilo.
va un abrazo!
Salazar, que venga, que venga, será bien apreciado.
ResponderSuprimirUn saludo.