De ciertos cadáveres brotan floreso náuseas
o gusanos.
De ciertos rostros tristezas,
fisuras,
contradanzas.
Del silencio,
ese formato imprescindible,
nacen las cenizas,
la esperanza,
y surgen entonces de las palabras
otro tipo de distancias
ni tan necesarias ni tan tajantemente irremediables.
Basicamente,
de ti y de mí
se dan los miedos,
el exilio,
esa sangre derramada por exhausta,
pero también,
cómo no,
han de darse entonces
la lealtad,
el dorado cáliz,
las palabras
tan necesarias
y también tan tajantemente irremediables.
De nuestro cadáver
surgirá,
no cabe duda,
un buen futuro por vivir o acreditar,
quién sabe,
una uz,
una rosa del sur
o
un hermosísimo serbal (en flor) de cazadores.
Dedicado a la turca. Sin más ni menos.













